25.6.17

Jornadas Interdisciplinarias sobre el Congreso de los Pueblos libres

Compartimos con ustedes la invitación las JORNADAS INTERDISCIPLINARIAS SOBRE EL CONGRESO DE LOS PUEBLOS LIBRES: PERSPECTIVAS, REFLEXIONES Y DEBATES.
Allí estaremos, construyendo la Red Federal del Paraná Medio.




11.6.17

Los Kennedy - Yamandú Rodríguez



(12) El Ataque

La jefatura, estaba defendida por veinte y cinco hombres, distribuidos en tres guardias. La primera: el centinela. La segunda, formada por el Comisario y un agente. Y la tercera, custodia de la cárcel, fuerte de veintidós gendarmes.
Tropa escogida, veterana y sobre aviso. Los Kennedy y sus compañeros avanzan en apretado grupo.

30.5.17

Los Kennedy - Yamandú Rodríguez



(11) Con el oído en la tierra

Estaban en una feria ganadera efectuando ventas de toros, cuando recibieron noticias del atentado cometido el 6 de Septiembre contra la Constitución Argentina.
Desde ese momento lo hermanos Kennedy viven para combatir al dictador. Se ahogan. Sufren una opresión constante, obsesionante, casi material. Sienten el taco de Uriburu sobre sus pechos. Es algo que aprieta realmente sus corazones y limita el pensamiento y llaga el espíritu.

21.5.17

Los Kennedy. Yamandú Rodríguez


(10) La Tormenta


En el Paranacito y frente a “Los Algarrobos”, se levantan las islas de “Curuzú-Chalí”, Cruz del misionero Chalí. Los hermanos Kennedy y algunos peones están trabajando con ganado en las islas. Cae la tarde. Una gran tormenta amenaza echarse sobre el río.
Deciden ganar la costa en una embarcación. Pierden tiempo. La tempestad se apura y les toma el campo. Ya el Paranacito se levanta, crespo. Soporta las primeras cachetadas. Nunca fue muy paciente y aquellos zamarriones le indignan. Empieza a devolver los golpes. Viento y agua pelean. A poco el río hierve en espuma. Un zarpazo hunde la canoa. Regresan a nado. Hacen pié en la isla. Las turbonadas acuestan los árboles. El espectáculo es formidable. Al paso del viento, el río muestra los dientes. Salta, quedan jirones de espuma. Olas afiladas como dagas se hunden en el aire. Vuelven, retroceden. Ruedan mal heridas.

6.4.17

Los Kennedy - Yamandú Rodríguez


(9) Mario


Hombre joven, elegante, urbano. Se mueve con cierto abandono muy personal. Parece estar siempre un poco abstraído, lejos... Habla reposadamente. Cuando necesita un vocablo expresivo cierra los ojos, le busca, atrapa y su diestra parece entregarlo al interlocutor. Después la mano desmaya y Mario Kennedy continúa hablando, caídos los brazos, vivaz la mirada, grave la expresión.
Administra su vigor. Ahorra como los atletas. Bajo esa calma se adivina el músculo pronto para el salto. Hay en él una fuerza imponente, tranquila, como la de su patria.

19.2.17

Los Kennedy - Yamandú Rodríguez


(8) El domador de toros


Jineteando toros Eduardo Kennedy no tiene igual. Le place montar animales vigorosos. Fieros, de morrillo borrascoso y lomos como lapacho. Renuncia a toda ventaja. Monta en la “cruz”, en la cima del cerro bellaco. En pelos. Sin más amigas que las nazarenas y una rienda pasada bajo el cuello del vacuno. Suelta la palabra de orden:
- “Lárguenlo”

15.1.17

Eduardo Galeano y el Paraguay



Hasta su destrucción, Paraguay se erguía como una excepción en América Latina: la única nación que el capital extranjero no había deformado. 

El hombre viajaba a mi lado, silencioso. Su perfil, nariz afilada, altos pómulos, se recortaba contra la fuerte luz del mediodía. Ibamos rumbo a Asunción, desde la frontera del sur, en un ómnibus para veinte personas que contenía, no sé cómo, cincuenta. Al cabo de unas horas, hicimos un alto. Nos sentamos en un patio abierto, a la sombra de un árbol de hojas carnosas. A nuestros ojos, se abría el brillo enceguecedor de la vasta, despoblada, intacta tierra roja: de horizonte a horizonte, nada perturba la transparencia del aire en Paraguay. Fumamos. Mi compañero, campesino de habla guaraní, enhebró algunas palabras tristes en castellano. «Los paraguayos somos pobres y pocos», me dijo. Me explicó que había bajado a Encarnación a buscar trabajo pero no había encontrado. Apenas si había podido reunir unos pesos para el pasaje de vuelta. Años atrás, de muchacho, había tentado fortuna en Buenos Aires y en el sur de Brasil. Ahora venía la cosecha del algodón y muchos braceros paraguayos marchaban, como todos los años, rumbo a tierras argentinas. «Pero yo ya tengo sesenta y tres años. Mi corazón ya no soporta las demasiadas gentes.»

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Obra de Cándido López