6.4.17

Los Kennedy - Yamandú Rodríguez


(9) Mario


Hombre joven, elegante, urbano. Se mueve con cierto abandono muy personal. Parece estar siempre un poco abstraído, lejos... Habla reposadamente. Cuando necesita un vocablo expresivo cierra los ojos, le busca, atrapa y su diestra parece entregarlo al interlocutor. Después la mano desmaya y Mario Kennedy continúa hablando, caídos los brazos, vivaz la mirada, grave la expresión.
Administra su vigor. Ahorra como los atletas. Bajo esa calma se adivina el músculo pronto para el salto. Hay en él una fuerza imponente, tranquila, como la de su patria.

19.2.17

Los Kennedy - Yamandú Rodríguez


(8) El domador de toros


Jineteando toros Eduardo Kennedy no tiene igual. Le place montar animales vigorosos. Fieros, de morrillo borrascoso y lomos como lapacho. Renuncia a toda ventaja. Monta en la “cruz”, en la cima del cerro bellaco. En pelos. Sin más amigas que las nazarenas y una rienda pasada bajo el cuello del vacuno. Suelta la palabra de orden:
- “Lárguenlo”

15.1.17

Eduardo Galeano y el Paraguay



Hasta su destrucción, Paraguay se erguía como una excepción en América Latina: la única nación que el capital extranjero no había deformado. 

El hombre viajaba a mi lado, silencioso. Su perfil, nariz afilada, altos pómulos, se recortaba contra la fuerte luz del mediodía. Ibamos rumbo a Asunción, desde la frontera del sur, en un ómnibus para veinte personas que contenía, no sé cómo, cincuenta. Al cabo de unas horas, hicimos un alto. Nos sentamos en un patio abierto, a la sombra de un árbol de hojas carnosas. A nuestros ojos, se abría el brillo enceguecedor de la vasta, despoblada, intacta tierra roja: de horizonte a horizonte, nada perturba la transparencia del aire en Paraguay. Fumamos. Mi compañero, campesino de habla guaraní, enhebró algunas palabras tristes en castellano. «Los paraguayos somos pobres y pocos», me dijo. Me explicó que había bajado a Encarnación a buscar trabajo pero no había encontrado. Apenas si había podido reunir unos pesos para el pasaje de vuelta. Años atrás, de muchacho, había tentado fortuna en Buenos Aires y en el sur de Brasil. Ahora venía la cosecha del algodón y muchos braceros paraguayos marchaban, como todos los años, rumbo a tierras argentinas. «Pero yo ya tengo sesenta y tres años. Mi corazón ya no soporta las demasiadas gentes.»

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Obra de Cándido López

2.1.17

Los Kennedy - Yamandú Rodríguez


(7) Y el campo abierto


Y el campo abierto les ofrece rodadas, novillos guampudos, que ellos voltean a mano limpia, toros melenos para lidiar cojinillo en mano.
Es la fiesta de sus mocedades. La preside Don Carlos Duval Kennedy.
Hoy los proscriptos recuerdan la estancia y sonríen melancólicos. Evocan al progenitor y guardan un silencio de homenaje.